dormí una aciaga siesta aquella tarde,
no había nadie...y en el viento que arde…
susurraba la fiel voz del verano.
Mas...sentí, que la calma de mi perro
pasaba por mi brazo hasta mis ojos
volviendo rosa los colores rojos,
y en suaves plumas la cama de hierro.
Y me dormí....como si no existiera
otra felicidad que aquel momento......
otra persona, que aquel perro atento...
que dormía mi siesta en una estera."
Silvina Ocampo (1903-1993)
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